REESCRIBIENDO LA HISTORIA DE SANABRIA: LA CAUSA 513. El movimiento obrero libertario sanabrés.

 

La historia nunca termina de escribirse, cuando parece que unos sucesos ya han sido narrados, siempre pueden aparecer nuevos datos que llevan a replantear el relato.

Esto ha ocurrido, poco después de publicar mi estudio “El movimiento libertario en Sanabria antes de la Guerra Civil” (Revista Germinal, Madrid, 2020, pp. 51-72), que ampliaba ostensiblemente el tema de otro artículo publicado en LA OPINIÓN -EL CORREO DE ZAMORA, del domingo 5 de julio de 2020, bajo el título entonces de “La primavera en la cual Sanabria fue libertaria”. En este caso, descubría una causa judicial, inventariada en el Archivo Intermedio Militar del Noroeste de Ferrol, la Causa 513/1936 de Zamora, que aporta información complementaria al estudio de investigación realizado.

Tengo que agradecer al prestigioso historiador gallego Dionisio Pereira, su disposición para facilitarme una copia digitalizada de esta causa jurídica. Pereira, grandísimo conocedor de la historia social de nuestra región, pronto me transmitió que la Causa 513/36 era un referente imprescindible para comprender nuestro pasado más próximo. No erró en su advertencia. Son un total de 640 folios, utilizados por el sistema judicial franquista para represaliar a los militantes sindicales de las comarcas sanabresas y gallegas, que pese a su trágico cometido, en la actualidad son un óptimo apoyo para los investigadores, ya que desentrañan la cotidianeidad de toda una generación de idealistas.

Se puede hablar de un movimiento obrero libertario sanabrés, con sus asociaciones laborales específicas, y hasta una pequeña ciudad edificada ex profeso para alojar a los centenares de trabajadores que habían llegado a Sanabria, con la intención de trabajar en las obras de la construcción de la línea ferroviaria hacia Galicia, conocidos como “carrilanos”. Ese campamento fue denominado Nueva Puebla o Santa Bárbara, situado en las inmediaciones del túnel 12.

La citada causa recoge la frenética actividad de los obreros en la comarca sanabresa, para oponerse a los militares sublevados, tras producirse el Golpe de Estado de julio de 1936. Los trabajadores revolucionarios controlaron durante dos semanas la zona de la Alta Sanabria, tomando lugares clave de la administración local, tal y como habían efectuado en la Revolución de octubre de 1934. Organizándose bajo los auspicios del anarcosindicalismo, y en menor medida del marxismo.

La Causa aporta las filiaciones de las juntas directivas de los sindicatos comarcales que estaban constituidos en julio de 1936. El poderoso Sindicato de Construcción y Vías Férreas de CNT -AIT de Requejo de Sanabria, fue su secretario general el leonés Luciano Felipe Martín (natural de Villamoratiel de las Matas), quien tuvo un crucial protagonismo en la protección, y posterior paso a Portugal, del general leal republicano Gómez-Caminero; y la noche del 31 de julio, fecha en que el municipio cayó en las manos de los fascistas, Luciano Felipe huyó a la sierra de Parada, para posteriormente regresar al pueblo y estar escondido más de un mes en casas de compañeros, hasta ser apresado el día 23 de septiembre. Otro importante dirigente cenetista, entre los carrilanos de As Portelas, fue Manuel Fernández alias “El Asturiano”. En la Casa del Pueblo de Lubián, fue Juan Galera Galera el presidente, Juan Ovides Montesinos “Juanito” su secretario, y el conocido médico lubianés Manuel Fábrega Coello, declaró que ocupó el cargo de tesorero de la agrupación debido a un mero trámite burocrático. En Vigo de Sanabria, funcionó otra sindical operaria ácrata antes perteneciente a la UGT. Igualmente, queda probada la existencia de la CNT en Padornelo, siendo su presidente Francisco Martínez Fernández; también, la Causa cita “el ventorro de la Casa del Pueblo de los Metalúrgicos” (en el Campamento de Nueva Puebla), sindicato presidido por Ignacio Martínez, lugar elegido para coordinar la resistencia frente al ejército golpista. Y en último lugar, la Sociedad de Oficios Varios de Pedralba de la Pradería, asimismo parece ser que tuvo una decisiva influencia anarquista.

El férreo control franquista afectó a todos los niveles, siendo el cultural uno de los más perjudicados. Según señala con detenimiento la Causa, el domicilio de Emilio Espada Vega (en Vigo de Sanabria) fue registrado por la Guardia Civil, requisándole “libros de anarquismo” titulados: “La religión al alcance de todos”, “La Escuela Moderna” del pedagogo Francisco Ferrer Guardia, o publicaciones como “Tiempos Nuevos” y el “Almanaque de Tierra y Libertad de 1934”; hoy, consideradas referentes del movimiento literario progresista de la época pero entonces solo un motivo para aumentar su condena penal.

La actitud de los trabajadores contra el estamento eclesiástico comarcal es digna de analizar. El anticlericalismo fue uno de los rasgos determinantes, en amplios sectores populares, de la contestataria sociedad española de los años treinta. En mi estudio anterior, había detallado el atentado del cura y la posterior ocupación obrera de la ermita de Guadalupe, en Requejo, para convertirla en la Casa del Pueblo; suceso relatado hasta en la prensa nacional, pero no existía demasiada información sobre otros casos similares, aspecto que sí recoge la citada causa y otra reciente documentación consultada. Ahora, conocemos que el domicilio del párroco de Pedralba fue ocupado por los trabajadores para constituir allí el sindicato, poco antes del comienzo de la guerra; además, hubo sonadas discusiones verbales, durante ese conflictivo periodo, entre obreros libertarios y sacerdotes en San Martín de Castañeda, Lobeznos, Santa Colomba, San Martín del Terroso y Lubián. Los sindicalistas, en algunos casos, registraron las casas rectorales en busca de armas y dinamita, y profanaron la iglesia de Avedillo colocando cartelería atea.

La participación de las mujeres es también comentada en las páginas de esta causa judicial: en unos casos, siendo partícipes al ocultar material comprometedor; y en otros, interesándose por la situación de los presos políticos. En ambos momentos, presentadas siempre como miembro de un colectivo derrotado y avasallado por el bando vencedor.

Otro prejuicio que desmonta la Causa, es que las asociaciones obreras de la zona estaban formadas exclusivamente por trabajadores foráneos, que habían acudido a Sanabria para emplearse en las obras del ferrocarril, ya que en los expedientes se puede comprobar como hubo vecinos de bastantes aldeas sanabresas (Cobreros, Avedillo, Lobeznos, La Tejera, Paramio, Ribadelago, Valdespino, Vigo, Aciberos, Sotillo, Castro, etc.) que se involucraron activamente en las reivindicaciones anarcosindicalistas, sufriendo las posteriores consecuencias al no comulgar con el régimen dictatorial impuesto.

La documentación también sirvió: para acusar a algunos obreros sanabreses, por su activismo durante el movimiento huelguístico de octubre del 34, varios de los cuales fueron ya entonces al presidio o despedidos de su puesto de trabajo en las vías; o para localizar a los más significados de la gran huelga carrilana de junio del 36. Aquí, desearía añadir otro dato relativo a la conflictividad laboral que no pude incluir en mi estudio anterior, pues fue recientemente encontrado en la hemeroteca del periódico “Tierra y Libertad”: indica la intensa movilización existente en Zamora, entre los trabajadores del sector de la construcción, desde el verano de 1934; siendo la solidaridad proletaria, en su opinión, la clave para la solución definitiva del problema.

Pese a la utilidad de estos expedientes judiciales para los estudiosos modernos, debido a la minuciosidad en sus descripciones y a la completa clasificación de sus documentos, no podemos obviar su fatal cometido: represaliar implacablemente a decenas de personas que tenían una ideología distinta a la promovida por la dictadura franquista; por ejemplo, valió para que el 31 de diciembre de 1936, veintisiete de aquellos operarios fueran ejecutados en la ciudad de Zamora.

La Causa 513/1936 son dos Consejos de Guerra, que padecieron: primero 26, y luego 64 trabajadores de las obras de la vía férrea zamorana, procedentes de todos los rincones de la geografía ibérica. Sus organizaciones serían prohibidas durante cuarenta años y sus bienes fueron expoliados; además, varios de ellos fueron encarcelados, otros despedidos, y algunos fusilados en las tapias del cementerio de San Atilano. Su memoria nunca debiera ser olvidada.

Carlos Coca Durán

 

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Publicado el domingo 21 de marzo de 2021, en el suplemento dominical, en el diario LA OPINIÓN -  EL CORREO DE ZAMORA, pp. 1 - 3.





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