El periodista sin amo y el último profeta. León Felipe y Jacinto Toryho, dos escritores olvidados

 

Nuestra tierra ha dado magníficos literatos cuya obra merece ser estudiada y leída con atención. Hoy, recordaremos a dos: Jacinto Toryho (1909-1989), natural de Villanueva del Campo, sobresalió en el periodismo; y León Felipe (1884-1968), nacido en Tábara, poeta universal. Su trayectoria vital fue fascinante y ambos terminaron sus días en el exilio americano.

En el artículo, “Jacinto Toryho, periodista zamorano sin Dios ni amo”, publicado en LA OPINIÓN – EL CORREO DE ZAMORA, el domingo 27 de marzo de 2022, me comprometí a juntar unas líneas para explicar la interesante relación entre Toryho y León Felipe. Y mediante este esbozo, espero poder cumplir con mi palabra.

La relación entre ambos nace en plena Guerra Civil, Toryho la recuerda en su relato autobiográfico “No éramos tan malos”: «A principios de marzo de 1937 cayó por Barcelona el poeta León Felipe. Había estado antes en Madrid y Valencia. Quería conocer Cataluña. Y no llegó solo. Le acompaña su esposa mexicana, Berta Gamboa, compañera admirable […]. Trotamundo nato, habíase ausentado de España hacía años. De cuando en cuando volvía, empujado por la nostalgia, para levantar el vuelo en seguida. Le conocían y no mucho los literatos y los poetas, sus congéneres».

El periodista terracampino, excelente narrador, prosigue con el hilo de sus recuerdos: «León Felipe recala en Barcelona e inmediatamente sienta sus reales en la tertulia de un café próximo al teatro Tivoli, en el paseo de Gracia. En la tertulia se habla de todo. Pero solo se habla. Y él, aunque poeta, es hombre de acción. Ansía ver la Guerra Civil de cerca, por sí mismo. Más no sabe cómo hacer para ello».

Toryho relata como fue su primer encuentro con el insigne poeta. Su contacto era Enrique López Alarcón, escritor y antiguo amigo de León Felipe, sabedor de su estancia en la ciudad condal estableció rápidamente contacto telefónico con el poeta, para concretar su visita en la redacción de Solidaridad Obrera, diario donde trabajaba López Alarcón y que por aquel entonces dirigía el periodista zamorano. Fue claro en el saludo: «Te voy a presentar al mejor poeta de nuestra lengua, León Felipe […] Te diré que solo tiene un par: Antonio Machado».

A partir de ahí, las memorias de Toryho se convierten en una auténtica delicia. La prosopografía que hace del poeta, tras su primer encuentro, es magnífica: «Vestía un traje de pana oscuro. Se tocaba con una boina vasca, que llevaba con gracia y le confería personalidad. Lucía unas negras barbas apostólicas y aborrascadas, en las que comenzaban a aparecer hilos de plata y unas gafas negras de carey, negras como la boina. Tenía un perfil rabínico ingénito. Era expansivo y locuaz. Corpulento, hablaba fuerte y pisaba fuerte. Y, por encima de todo, era modesto. Derrochaba sipatía y cordialidad». Y sí, los dos zamoranos de cuna, se convirtieron en buenos amigos.

Los encuentros entre ambos se hicieron constantes. Recuerda en sus citadas memorias: «No pasaba una tarde en la que León Felipe dejara de aparecer por el periódico. Antes de una semana era ya amigo de todos los redactores. Se hallaba entre nosotros como el pez en el agua. Pronto empezó a inaugurar sus correrías por los sindicatos, por los establecimientos colectivizados, por las grandes fábricas, por los centros industriales».

Y en un momento del relato, da voz al mismo León Felipe, quien añora: «Nací hace cincuenta y tres años en un pueblo de la provincia de Zamora llamado Tábara. Mi padre era notario allí. Cuando tenía dos años se trasladó con la familia a Sequeros, en la provincia de Salamanca donde viví hasta los nueve. En algún lugar he escrito:

Debí nacer / en la entraña / de la estepa / castellana / y fui a nacer en un pueblo / del que no recuerdo nada.

Jamás he vuelto allí. A Sequeros, sí. En Sequeros está mi infancia, eso que no lo abandona a uno jamás.»

Asimismo, parece ser que León Felipe admiró las profundas transformaciones sociales que estaban llevando a cabo los anarquistas en la Cataluña revolucionaria. Y de la revolución en marcha, por supuesto, conversaron con ánimo. El resultado fue una ilusionante propuesta de Toryho a su compañero, incitándole para que escribiera algo sobre la guerra que conmoviera al mundo: «Dime, Felipe – le pregunto -, ¿no escribes nada? ¿La Guerra Civil no te dice nada? Lo tremendo que viste en Madrid, lo que está sucediendo en España, los bombardeos y las víctimas de cada día y cada noche ¿no te inspiran nada?». El resultado fue el monumental poema “La insignia”. León Felipe recitó el poemario en el Cine Colisem de Barcelona, el 27 de marzo de 1937, y una vez más, fue Toryho el presentador del acto.

Anuncio del recital en el periódico "Solidaridad Obrera"

Ambos escritores zamoranos participarían activamente en las emisiones de la radio durante el conflicto bélico. León Felipe en sus locuciones llamaba a la resistencia e hizo autocrítica dentro del campo antifascista. Jacinto Toryho, convertido en el máximo responsable de la oficina de prensa y propaganda en la guerra, dirigiría la emisora ECN1 Radio CNT-FAI Barcelona, hablando diariamente en sus boletines informativos, siendo así la voz de la Revolución al aparecer en varios documentales cinematográficos del Sindicato de la Industria del Espectáculo. Quien desee ampliar información en este interesante campo, debe acudir al estudio de Ferrán Aisa dedicado a la radiofónica confederal.

León Felipe poseía un largo listado de escritores amigos, desde las figuras de la generación del 27 a los poetas americanos. Y un rápido análisis a la biografía de Toryho, nos lleva a descubrir también la vasta nómina de intelectuales con los cuales trató. A unos, entrevistó con admiración; a otros, solicitó escritos o impresiones que reproduciría en la radio que dirigía; y con otros, forjaría una verdadera amistad. Algunos nombres de aquella impresionante generación que tuvo por compañeros: Waldo Frank, hispanista y escritor; el novelista norteamericano, John Dos Passos, a quien entrevistaría para conocer sus opiniones sobre el enfrentamiento bélico en España para el periódico “Solidaridad Obrera”, en el mes de marzo de 1937; Carl Einstein, destacado pintor y escritor vanguardista alemán; la feminista y ácrata, Emma Goldman; Federico Urales, director de la irrepetible publicación cultural “La Revista Blanca”, y padre de Federica Montseny; Simone Weil, filósofa, traductora y poeta francesa de proyección internacional; el dramaturgo, Jacinto Benavente; Pío Baroja; Arthur Sulzberger, periodista judío, director de “The New York Times”, rotativo donde el zamorano rechazó trabajar (parece que ya tenía en mente partir para Argentina); Rafael Borrás, responsable de la laureada editorial Planeta; Federico de Onís, filólogo y crítico literario; el hispanista y erudito sefardí estadounidense, Maír José Benardete; Buenaventura Durruti, Ángel Pestaña, Juan García Oliver, Rudolf Rocker, Cipriano Mera, Lucía Sánchez Saornil, Joan Puig Elías, o Camilo Berneri, todos destacadísimos anarcosindicalistas de la época.

Además de su amistad con importantes políticos: el general Aramburu, presidente de la República Argentina; Lluís Companys, presidente de la Generalitat de Catalunya durante la guerra; Diego Abad de Santillán, auténtico referente para Toryho, y uno de los hombres más destacados en la CNT-FAI; el periodista conservador, Ángel Herrera Oria; o el ministro cenetista, Juan López.

Igualmente, a varios músicos de magnitud internacional Toryho tuvo por compañeros: Juan Dotras Vila, Pau Casals, o el pianista zamorano Miguel Berdión. Interesantísima es la entrevista que realizó en Madrid al escultor Mariano Benlliure, con motivo de la presentación del paso La Redención, publicada en “El Correo de Zamora” en marzo del 31, según los datos de la hemeroteca facilitados por Marisol López.

En la radio reproduciría textos de destacados intelectuales comprometidos con la causa antifascista española: Thomas Mann, premio Nobel y autor de una novela cumbre en la literatura universal, “La montaña mágica”; H. G. Wells, prolífico novelista inglés; Tristan Tzara; poeta dadaísta; el dramaturgo alemán, Erwin Piscator; Charles Vildrac; entre otros muchos, en una larguísima nómina de imprescindibles, que satisfactoriamente descubrimos cada día.

Y claro está, hay que seguir investigando a estos dos zamoranos olvidados por la historiografía. Un periodista vasco, Miguel Fernández, lleva varios años dedicado a la biografía de Toryho, sobre él prepara un libro; y junto a la profesora, Eva Fernández, estamos investigando con ilusión las relaciones de León Felipe y Jacinto Toryho con la intelectualidad de su época y el mundo hebreo. El proyecto es apasionante.

La cultura con mayúsculas fue la eterna compañera de viaje de estos dos zamoranos. Como anécdota, al inicio de la Guerra Civil, incautados los majestuosos edificios de la patronal catalana en Vía Laietana por la CNT-FAI, Toryho salvó la espléndida biblioteca del rico político Francesc Cambó que se encontraba allí instalada. Escribió: «Siempre que mis tareas me permitían un respiro, desaparecía y solamente una persona conocía el lugar donde estaba escondido: la biblioteca de Cambó. Yo, que desde la infancia había hallado en los libros una honda delectación psíquica e incluso física, viví horas de felicidad inenarrables examinándola». En sus escritos comenta que junto a sus amigos, Pedro Herrera y Eustaquio Rodríguez, recorrían en su juventud los teatros, cines y museos de la Barcelona de preguerra.

Los dos escritores compartieron una gran admiración por la cultura hebrea, considerando a los judíos como un pueblo amigo y al igual que ellos, compañeros errantes. Toryho, durante su exilio, contactó en Nueva York con un grupo de norteamericanos de origen sefardí, vinculados al periódico ladino “La Vara”; según recuerda con afecto: «los que me acogieron con no disimulada simpatía. Cuando conversaban conmigo se expresaban en un castellano del marqués de Santillana, viejo de siglos, pero fresco y lozano».

León Felipe, se acercó al pueblo hebreo en su obra “Israel” y en sobrecogedores versos como los de “Auschwitz”. Toryho por su parte, en un artículo dirigido al semanario “España Libre”, fechado el 13 de septiembre del año 40, reiteró que continuaba muy vinculado a los hijos de los judíos españoles expulsados en 1492.

Manuscrito del discurso poemático "Israel"

Y a Sefarad, otra posible patria de estos dos zamoranos transterrados, volverán sus recuerdos tras ese abismo en el que se precipitó el mundo empujado por los fascismos. No lo olvidemos nunca. Jacinto Toryho y León Felipe: dos amigos, dos soñadores libertarios, dos viajeros sin destino; y por supuesto, dos escritores universales.

«A León Felipe – cuéntanle un día a Guillermo de Torre- le han regalado en Israel un terreno con el propósito de que allí encuentren reposo sus zarandeados huesos.

- ¿Por qué en Israel? -inquiere Guillermo.

- Porque León Felipe es el último profeta».

Publicado en La Opinión - El Correo de Zamora, suplemento dominical pp.1-3, de 22 de mayo de 2022.

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